Aladdín, el musical. Un pedacito de Agrabah en Bogotá.

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Estamos en uno de los palcos del teatro. La orquesta se va preparando y nosotros tomándonos fotos cuales niños que van por primera vez al teatro. Sólo por pasar el tiempo, cabe aclarar. Discutimos sobre nuestro escepticismo que una historia de este calibre se lleve a teatro en nuestro país, pues Colombia no es muy destacado por sus logros en este campo. Y, en lo personal, un pequeño escepticismo por el papel de Aladdín, que interpretado por Sebastián Martínez podría sonar un poco fuera de foco.

Las luces se van apagando y con ellas aquella atmosfera carmín que abundaba en todo el teatro. En mi mente miles de preguntas surgen, pensando si esto será una decepción a mi infancia (siendo que Aladdín, Hércules y el Rey León eran por excelencia mis películas predilectas de Disney).

No obstante, desde el primer momento del espectáculo Robb  Barron nos asombra  con la aparición de tres personajes muy singulares que –aunque no hacen parte de la película original- nos comienzan a entretener, divirtiéndonos durante todo el show. Acompañados con una orquesta de proporciones bíblicas la obra nunca pierde el hilo ni la atención de los espectadores.

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Luego de la famosa canción “Noches de Arabia” entra nuestro personaje principal: Aladdín. Todas las expectativas recaen en él así como el mundo recayó en los hombros de Atlas hace muchos siglos. A pesar de todo el escepticismo y las críticas a priori me sorprendo con que Sebastián Martínez realiza un papel impecable, y fuera de todo: ¡Canta muy bien!

Con esto me relajo y tal será la intensidad de la obra que me encuentro apoyado en el barandal del palco (obviamente sentado) durante la mayoría de los actos. Quizás lo que más me sorprendió, además de una escenografía impecable, un cambio de actos divertido y emocionante y –por supuesto- la actuación de nuestro querido “Al”, es el perfecto manejo de la voz de nuestros actores.

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Cantar en un musical no es cosa fácil, especialmente si los actores se encuentran corriendo por todo el escenario como lo hacen en algunas escenas de esta adaptación teatral. A mi sorpresa, ¡Todos lo realizan de una manera espectacular! Acepto que es mi primera experiencia con MISI PRODUCCIONES, y les puedo asegurar que no será la última. Se nota a leguas el calibre de esta productora en cuestiones teatrales. Todos los detalles en cuanto a dirección de arte son muy bien cuidados, únicamente opacados por la dirección vocal.

Las asombrosas voces y energía que los actores emanan hacen que la audiencia este pendiente y la obra no llegue a ser menos que una adaptación digna del calibre internacional (y en experiencia propia de obras en los grandes teatros mundiales, esta no tiene nada que envidiar).

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Aladdín es extremadamente bueno. Sebastián Martínez hace una actuación increíble a un papel extremadamente difícil debido a las expectativas que tiene el público del mismo. Mucha energía, mucho vigor y muy buena voz.

ImageJafar, interpretado por Juan Camilo Castillo, es asombroso. Su actuación es maligna y cómica. Digno del papel.

Felipe Salazar es nuestro “Genio”. Él es quizás, con los anteriores dos, el más sobresaliente. Los cambios en la voz, su energía y la química que maneja con Aladdín en escenario no son normales. Además de su maquillaje y vestuario debidamente escogidos.

Jazmín (María José Camacho) tampoco decepciona. Una muchacha bien parecida, con una voz encantadora, nos lleva volando por un mundo ideal durante toda la obra.

Ultimo pero no menos importante, tengo que reconocer el papel interpretado por Yacko Márquez que (a mi parecer y el de mis amigos) fue el más sobresaliente de los tres amigos narradores, con el personaje de Omar. Muy buena voz, divertido, y una actuación muy agradable.

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Para finalizar, puedo decir que este es un espectáculo que nadie en la capital colombiana, y en todo el país, se puede perder. Quedarán asombrados con la escenografía, las extrañezas, confusiones, misterios y sorpresas que les depara en el Teatro Colsubsidio. Estarán viendo una de las mejores obras que he visto en mucho tiempo acompañado de una orquesta dirigida por Ricardo Jaramillo Gonzales que no sólo los emocionará constantemente, los ayudará a llegar a Agrabah durante dos horas completas, con un intermedio de 15 minutos para volver a la realidad (o ir al baño) durante un breve momento. En lo personal, quisiera tener una de esas pequeñas lamparitas que nuestro “Al” tuvo la suerte de encontrar para desearle a algún genio azulado volver a ver este majestuoso show. Pero esta puede ser sólo otra de mis estupideces no estúpidas.

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